sábado, 1 de marzo de 2008

Mount Weather: ¿un búnker para Bush?

Es un complejo subterráneo de alta seguridad cercano a Washington DC. Recobró su actividad tras el 11-S. Y surge como un posible refugio del presidente.

Mount Weather es una instalación subterránea de alta seguridad a una hora en auto al oeste desde Washington
D.C. Tiene sus propios dirigentes, su policía y bomberos y sus propias leyes. Vestigio de la Guerra Fría, desde los atentados del 11 de Setiembre ha recuperado toda su vitalidad. Pero, hasta ahora, ninguno de los que ha estado en su interior ha dicho una sola palabra.
Oficialmente, a Mount Weather se lo conoce como el Centro de Operaciones de Emergencia de la Dirección Federal de Gestión de Emergencias (FEMA es su sigla en inglés). Menos oficialmente, es un complejo subterráneo enorme originalmente construido para albergar a funcionarios de gobierno en caso de un ataque nuclear a gran escala. En momentos en que la administración Bush libra su guerra contra el terror, se cree que Mount Weather alberga un "gobierno de las sombras" formado por altos funcionarios de Washington y que podría ser un refugio de Bush.
Después de la caída de la URSS, Mount Weather resultaba un costoso vestigio de la Guerra Fría. Luego vino el 11-S. Los informativos señalaron que "líderes del Congreso fueron puestos a salvo en un complejo gubernamental protegido unos 120 kilómetros al oeste de Washington"; otro puso de relieve "un embotellamiento de tránsito de limusinas con patentes oficiales y de Washington". Cuando la expresión "lugar no divulgado" ingresó en la jerga vernácula, Mount Weather y un puñado de instalaciones semejantes recobraron su vitalidad. Hace apenas dos meses, un ejercicio de simulacro de desastre llamado Forward Challenge '06 envió a miles de empleados federales a Mount Weather y otros sitios.
Mount Weather no es difícil de encontrar. Tras 80 kilometros de un camino que serpentea un cordon montañoso, se llega a un claro señalado con carteles desteñidos que dicen: "Propiedad estadounidense. Prohibido el paso". Ese es el borde de la república conocida. Lo que hay más allá es oscurecido por los matorrales de los Apalaches y la tinta negra del secreto de gobierno. Hasta ahora, nadie recibió autorización para recorrer el complejo subterráneo de Mount Weather y contar lo que vio. En una extensión de 200 hectáreas de tierras del Blue Ridge, funciona como un principado de cola, con sus propios líderes.
Recorriendo el perímetro de Mount Weather se ven huellas de trabajos recientes. "Mire cómo ocultaron esto", dice Tim Brown, nuestro guía local, señalando una cubierta negra enroscada en un tramo de cerco. "Antes se podía ver la plataforma para helicópteros a través del cerco."
Los cambios en el paisaje exterior — sin hablar de los rumores entre los habitantes locales — son simplemente un signo de que algo muy importante ha estado pasando en Mount Weather.
Creado en los 60, Mount Weather capturó por primera vez la imaginación del país en 1974, cuando un 727 de TransWorld Airlines se estrelló en la montaña, a menos de tres kilómetros del lugar. El accidente dañó brevemente la línea subterránea que conectaba con el Sistema de Transmisión de Emergencia, y las teletipos de todo el país empezaron a escupir noticias confusas.
Este mundo contradictorio de luz y sombra coincide con la naturaleza paralela de la instalación misma. Por un lado es, tal como la describe Fema, "una terminal de actividad para respuestas de emergencia". Pero se habla menos del estatus de Mount Weather asumido como uno de los "sitios clave no divulgados" de la administración Bush. "Mire, hay dos Mount Weathers", dice John Weisman, autor de novelas de espionaje y vecino del complejo. "No me sorprendería que el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa Donald Rumsfeld hayan estado aquí antes, porque formaron parte de cosas muy delicadas que ocurrían en gobiernos de los años 80."
El 11 de setiembre de 2001, comentó el periodista James Mann, el plan dormido durante mucho tiempo fue activado nuevamente, y una serie de funcionarios —quizá también Cheney— fueron enviados a Mount Weather.
Claro que los habitantes no necesitaban leer los diarios para saber que algo pasaba. John Staelin, miembro de la Junta de Supervisores del Condado Clarke, dijo a The Guardian que la línea 911 del condado recibió el 11-S una llamada de una mujer de la zona muy perturbada. Dijo que toda la montaña se abrió y que el avión presidencial Fuerza Aérea Uno entró y se cerró de inmediato. "Los que atendían la línea le dijeron 'Sí, señora'", comentó sonriendo.
Sea como fuere, Mount Weather representa un vecino interesante. "Dios mío", dice Joe Davitt desde el porche de su casa, "Ponen una topadora ante el primer anuncio de nieve." "Los ajustes en la seguridad desde el 11-S no han hecho más que atraer la atención sobre el lugar. Ahora parece decir: qué importante soy", agrega.
Las indagaciones en el Fema arrojan apenas un poco más de luz. "No vamos a hablar sobre Mount Weather. Punto. No es que no pueda, es que no hablamos", dice el vocero Don Jacks.
Una solicitud para hablar con Reynolds Hoover, el director de la Oficina de Coordinación de la Seguridad Nacional del Fema, duerme en los laureles. Y mejor ni pensar en James Looney, el jefe de Fema en Mount Weather.
Según Jim Wink, un veterano de Vietnam y experto en antiterrorismo retirado con tareas en la CIA, a la gente del lugar le gusta contribuir a que Mount Weather mantenga su perfil bajo. "Podría llegar a conocer a un policía local si hace demasiadas preguntas", dijo a este enviado.
Algo similar comentó Ray Derby, un ex empleado de Mount Weather. Jubilado ahora y residente en Winchester, un pueblo vecino, se muestra como un gran amante del secreto. "A todos los empleados de Mount Weather —comenta— siempre les han dicho que, no importa lo que les pregunten, no deben decir si es cierto o no. Tienen que ignorar la pregunta." Su oficina está llena de varias condecoraciones presidenciales así como una foto de lo que parece una sala de conferencias de emergencia. "Yo la diseñé", dice espiando a través de una densa voluta de humo de cigarrillo: "Pero, disculpe, no puedo decirle dónde."





El secreto de Mount Weather nunca fue absoluto. Aunque muchos sospechaban de su existencia desde los años 60, The Progressive publicó en 1976 un artículo titulado "La Montaña Misteriosa" donde se decía que Mount Weather —un lugar poco conocido incluso para el Congreso— albergaba no sólo un minigobierno sino legajos de por lo menos 100.000 estadounidenses.En 1991, la revista Time publicó la información más completa, describiendo (en base a diálogos con ingenieros retirados) un extenso complejo subterráneo repleto de computadoras de escritorio, bombas de circulación de aire y un estudio de TV y radio para transmisiones presidenciales post-nucleares.Toda la información aparecida sobre Mount Weather siempre ha sido más bien escueta. En algún momento de la década de 1950, sin embargo, parece que un experimento de adiestramiento en los cimientos de la montaña se convirtió en un ejercicio de construcción urbana subterránea, en el cual el cuerpo del Ejército excavó en la roca un complejo de túneles y habitaciones con techos reforzados y pernos de hierro.La base abarcaba un archipiélago de instalaciones subterráneas solidificadas, cada una conectada por un sistema de comunicaciones ad hoc y equipada con accesorios que iban desde duchas para eliminar precipitación nuclear hasta sistemas de filtración capaces de purificar aire a nivel de micrones. Los lugares eran superficies espartanas de acero y cemento, sedes subterráneas de poder: el presidente podía trasladarse a Mount Weather; el Congreso tenía su búnker secreto debajo del Hotel Greenbrier en West Virginia; la Reserva Federal, un refugio en Culpeper, Vir ginia; al Pentágono le daban un reducto rocoso llamado Site R en las montañas de Pennsylvania. "La era nuclear ha establecido que estos hombres cumplan con su responsabilidad dentro de una montaña de granito sólido", escribió el comando de Defensa.